Me gusta mascar un caramelo y sentir como se deshace por mi boca. Mi lengua automáticamente lucha por despegar los pedacitos dulces de mis dientes. Me recuerda a mi infancia, y aunque siga en ella (no como quisiera) me es lejana porque, claramente, lo es. No soy una mujer, pero no soy una ilusa. Soy un punto medio, soy la adolescencia de la vida y que PAJA.
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